domingo, 15 de octubre de 2017

CANCIÓN VÍBORA.



 

Ten paciencia conmigo.

Porque a veces el mundo,
la víbora del tiempo y del pasado,
cabe entre dos palabras.

Si la piel se hace noche,
si vuelven las cenizas a los labios,
cabe entre dos palabras.

De verdad, yo lo sé,
una estrella apagada que cruza el universo
con su puñal frío.

Y repta por la vida,
por caminos sin nadie, por ciudades,
con su puñal de olvido.

A través del amor,
incluso por encima de la felicidad,
cabe entre dos palabras.

La víbora del miedo,
la víbora del miedo derrotado,
mi calor y su frío.

Y se queda en el pecho,
anidada en la sombra, hasta el amanecer.
Ten paciencia conmigo.

Porque el mundo es así, y vengo herido,
ten paciencia conmigo.

sábado, 14 de octubre de 2017

SEMBRADORES.



 

Allá,
cuando hubo que hacer
el impostergable reparto del trabajo,
cuando la esperanza dijo:
-Aquí tienen el país para cuidarlo.
Cuando algunos agarraron la fragua
y otros el arado,
cuando unos preñaron las fábricas,
y otros encauzaron el agua
para llenar los cántaros,
cuando unos templaron la lanza,
y otros afinaron el canto.
Allá
cuando tuvo el hombre que repartir
las cargas y los cargos,
alguien debió encargarse de los niños
de atender los pichones
hasta formar los pájaros,
de resguardar retoños,
para ampliar el horizonte de los campos.
Alguien debió encargarse de los niños,
alguien con tibieza en las manos,
con la caricia lista
y con los libros abiertos a destajo.
Con la palabra amiga
y una paciencia de abecedario.
Entonces la vida,
digo, la vida misma que repartió el trabajo,
comenzó a cosechar estrellas en lo alto,
para alumbrar abajo,
y los llamó ¡MAESTROS!
Y la tierra…
la tierra les puso las semillas en sus manos.

viernes, 13 de octubre de 2017

MUJERES ANTIGUAS.



Ilustración autor desconocido.
 

Os llevo alrededor de la muñeca,
en la pulsera que he comprado
al salir del Museo.
Por diez monedas vais aquí enhebradas,
Perséfone morena de ojos de miel,
y tú, Palmira de delgados dedos,
adolescente Erminia de rosadas
mejillas y carnosos labios,
rubia Cloé que miras con asombrados
ojos abiertos preguntándote
si más allá del vencido Leteo
vas a hallar el amor.
Todas sois jóvenes
y los nombres que os doy los imagino
pero vuestros retratos son tan fieles
noticias de vosotras mismas
que a cada una
he atado a un abalorio plateado,
translúcido, dorado, blanco o gris,
y he dejado sin nombre
sólo a la joven de ojos claros
que apoya un lápiz en los labios
con gesto pensativo
y hay quien llama Safo.
Ella muestra el Deseo
de capturar lo imaginado apenas
en los vastos ensueños de la infancia
cuando las madres nos decían
con susurrante admiración los nombres
de los pintores y los músicos,
de los poetas y los sabios
que sobreviven a sus días
y que acompañan a los nuestros.
No tenéis nombre pero yo os lo pongo,
coro hermoso, y os llevo sobre el pulso mío
que late todavía y resucita
el dolor y el placer que fueron vuestros.